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NO SOLO CONSEGUIR SINO DAR (1)
Barbara Kingsolver
Mi primera impresión de los Andes fue exactamente como yo los había imaginado desde que era una niña: blancos, puntos afilados puestos de fila en fila, como los dientes de un tiburón bostezando al cielo. Coronados con hielo permanente, las montañas están paradas con sus pies en lo verde, trópicos húmedos en el lado amazónico, mientras sus lados occidentales incluyen algunos de los desiertos más secos en el mundo, Perú es una nación de sorpresas dónde un viajero intrépido con equipaje ligero puede encontrar unos 90 de los 125 tipos clasificados de ecosistema.
Nuestro avión llev&oacu te; justamente este tipo de viajeros-una docena de fanáticos de Heifer Internacional de los Estados Unidos que vienen a llevar el testimonio de los trabajos que habíamos apoyado durante años con nuestros corazones y billeteras. Veríamos los diversos proyectos del Perú, de altitudes vertiginosas como CUZCO (donde nosotros averiguaríamos ' "vertiginoso" no es una metáfora), en la parte baja de algunas tierras habitadas más marginales del mundo en los desiertos costeros. Me habían dicho simplemente el valor de unos dólares de ayuda sabiamente gastados, en estos lugares ásperos, puede representar la diferencia entre el hambre y supervivencia. Esto es lo que yo vine a ver por mi misma.
Cuando nuestro avión se conectó con un pueblo costero cubierto de polvo-, cambié mi chaqueta en el calor y me esforcé por evocar qué mes era: Noviembre. Los calendarios del sur-hemisferio del Perú lo llamarían primavera, pero aquí en Piura-sólo unos grados sur del ecuador-la estación casi siempre se le llama seco. Saliendo del avión arribamos a un pueblo que hacía recordar profundamente a la frontera de Arizona-México dónde yo viví durante muchos años. En aridez con superficie espi nosa, me sentía extrañamente como en casa, tan doblemente que conversé en español con Fidel Calle Calle, un miembro del personal de la oficina de HEIFER de Piura, quien nos recogió.
Cuando atravesamos la ciudad, me choque con otra vista familiar - los árboles de algarrobos, viejos y enormes, que sombreaban los bancos de las plazas de los pueblos. Son diferentes de los árboles mesquites de Arizona pero tienen el mismo aspecto –cubiertos vainas aplanadas de fríjol que se balanceaban en el aire. Éstos eran los ejemplares de la ciudad, con su talle pintado blanco como señores con pantalones de golf. Más allá del esperanzado, pulcro y pequeño parque, estructuras de adobe desmoronándose empezaron a descubrir la verdad-éste es principalmente un pueblo pobre con sus cercanías que se arriesgan a desenredarse en toda dirección.
Cruzamos el Río Piura, un extenso cauce con escaso chorro sobre de las piedras de color blanco-hueso.
La estación lluviosa, técnicamente, es enero a marzo pero muchos años pasan sin lluvia. Cada ciertos años, El Niño manda una buena fuente de vapor y deja caer un poco de humedad. Fidel explicó: Entonces, que esto es bueno para la tierra-los árboles crecen. Este año la predicción era para medianas lluvias. Dado el estado reseco que se ve, cualquier humedad aquí sería como un milagro. En nuestro hotel nos cambiamos con ropa de campo, subimos en grupo en varias camionetas, nos transportaron fuera de la ciudad.
Fidel nos codujo hábilmente alrededor de los moto-taxis de tres ruedas y de la gran cantidad de personas que persiguen el negocio de sus días, en los interminables distritos de casas construidas mínimamente, que haya visto alguna vez. Nos conectamos a los próximos condominios débiles, mientras recorríamos largos canales al lado del camino, tiendas y residencias hechas que parecían encrespadas, carrizos secos frondosos en las riberas. Las paredes parecían tan acomodadas bordeadas de césped, con tejados más aun provisionales. Por su puesto, sin lluvia o frío para mantenerse afuera, una estructura que ofrece sombra y privacidad presumiblemente bastante buena.
Las camionetas de la oficina estaba provistas con lo que nosotros llamamos en mi niñez "4-60 acondicionamiento del aire" (las cuatro ventanas bajas y llenas de combustible). Inhalamos en el día aire calientes. Los perros estaban como las piedras en el camino; carretas haladas por asnos, acumuladas con tarallas de maíz. Las escasas casas de los alrededores, algarrobos esparcido que el bosque entregó en aquellos tiempos. Entre las extensiones del bosque seco y el llano, campos blancos forman campos de arroz –Fidel explicó, que fueron abandonados después de años que se irrigaron y fertilizaron hasta que la tierra no podía soportar. La abundante-irrigación se evapora rápidamente en este clima, dejando diseminadas las sales minerales que aumentan de año en año hasta que el suelo es arruinado, demasiado salado para mantener vida.
Habíamos entrado en una región de campos abandonados dónde la tierra blanca, sal-encostrada extrañamente parecía tundra. Aquí y allá un monocultivo de maíz que crecían ralamente en el calor, evidencian que algunos agricultores todavía estaban intentando. Nos dirigimos hacia un dique largo que había sido construido para sostener el río fuera de las casas y parcelas, en esos tiempos inimaginables cuando podría haber demasiada lluvia.
A lo largo nos topamos con algunas partes polvorientas en el camino estrec ho que cubrían el dique alto, mientras mirábamos hacia abajo la tierra desolada, hasta que subimos verticalmente observamos más allá un oasis verde sorprendente. Fidel detuvo abruptamente, ejecutó un repunte espeluznante encima del dique, y nos llevó detrás a dónde un agricultor de hombros amplios nos saludaba con una sonrisa.
Éste era Julio Chero, agricultor de seis hectáreas y líder de una comunidad de 25 o más familias que están desarrollando un experimento.
Julio nos presentó a su familia y nos dio la bienvenida en la sombra de un combinado de verdes. La casa de su familia es simple, sin ninguna consideración más estructuralmente que cualquier otro que hayamos visto antes, pero los microclimas albergados que lo rodean ofrecieron el alivio tangible de la desolación de este campo. Esta pequeña parcela fue la primera cosa que habíamos encontrado y que sentimos como resguardo.
Diversificando nuestras cosechas no es bueno solamente para la tierra, es bueno para nosotros," Julio explicó. "Nuestra familia come ahora diferentes tipos de comida, de lo que teníamos antes, más prote&ia cute;na sobre todo: la carne dos veces por semana, y frijoles durante todo el año."
Desde un cerco de carrizos y troncos oímos el balando suave de ovejas. Heifer les había dado cinco. Ahora él tiene 25, él vendió bien muchas, y claro que él ha compartido. Pero más importante para él que el regalo de la oveja, él dice, ha sido el regalo de conocimiento que Heifer también trajo a esta comunidad. Tres trabajadores agrícolas de la Oficina de Heifer quienes habían venido con nosotros saludaron a la familia afablemente.
"Estos hombres me enseñaron todo sobre lo que ustedes ven aquí," Julio dijo con su brazo alrededor de uno de los agrónomos del personal de Heifer. Ellos salen a trabajar con los agricultores diariamente, enseñándoles la diversificación de la cosecha, rotación, cultivos permanentes, compost y manejo orgánico de las plagas. Julio nos saludó entusiasmado mostrándonos en sus campos, cómo él ha incorporado estas ideas. Caminamos entre las hileras de plantas muy bien crecidas: cinco tipos de frijoles que él rotaba, siempre el maíz seguido de una legumbre para reaprovisionar el nitrógeno en la tierra. El mango, palta, p látano y árboles de guanábana forman el cerco sombreado entre los campos.
“ Diversificando nuestras cosechas no es solamente bueno para la tierra, es bueno para nosotros," Explicó Julio. "Nuestra familia come más diferentes tipos de comida que nosotros teníamos antes, más proteína sobre todo: la carne dos veces por semana, y frijoles durante todo el año."
Al final de una hilera nosotros detuvimos para mirar fijamente al campo desolado más allá detrás de Julio:
Extraje la tierra salinizada, que parecía el fin del mundo. Pero no, Julio insistió, no es el fin-incluso la tierra dañada puede recuperarse, con tiempo y esfuerzo. Sus campos eran como ese también, cuando el proyecto empezó.
Las nuevas técnicas de la cosecha se orientan a mejorar en lugar de agotar la tierra. Julio ara con estiércol de oveja y hecha hojas antes de plantar, usa mucho menos fertilizante químico que antes para producir más maíz.
Para el control de la plaga él muele una cizaña picante "aquí hay uno," dijo él, mientras jalaba una raí z y nos pasó para examinar, un aster pegajoso con un olor de maravillas. Él fermenta el material de la planta macerando y rocía a su maíz, controlando las larvas de la tierra eficazmente sin matar la tierra con más químicos. Todo se recicla. Incluso lo nuevo, Heifer construyó cocinas de cemento al extremo de la cocina de la familia, es parte del ciclo; cocinan su comida con los mazorca de maíz, en lugar de estar usando el escaso algarrobo del bosque cortándolo para leña.
La diferencia entre la tierra de Julio y sus vecinos es asombrosa a la vista, y palpé cuando yo recogí un manojo.
Fue fácil ver por qué Julio se había vuelto un líder de la comunidad, poniendo en práctica el conocimiento que recibe de Heifer Piura basado en consultas y pasándolo a otros participantes del proyecto. Si he venido aquí para creerlo, yo comprendí, yo no necesito viajar más lejos. El ruido de los loros que venia de la profundidad de los cercos decorados con los nidos de barro redondos del pájaro Chilalo. Un búho pigmeo guardó una silenciosa vigilancia por los roedores en las hileras del maíz. Esta parcela diversificada está como una isla esmer alda de vida circundada entre los campos de monocultivo que la rodean. Estábamos dando testimonio de algo más allá de sostenible-esto era una resurrección.
Julio desvió nuestra alabanza. "Yo no inventé nada aquí," dijo él. "Nuestros padres hicieron estas cosas. La tierra era todo lo que ellos tenían, y cosas como el estiércol y controles biológicos.
Ellos guardaron las semillas y habían mejorado sus áreas de cultivo para fortalecer sus líneas de semilla. Ellos conocieron de cultivo. Vinimos para hacerlo de otra manera, pensamos que sería más fácil mientras confiábamos en las cosas que podríamos comprar, o los químicos proporcionados por el gobierno-si pudiéramos conseguirlos. Eso es lo qué ha dañado la tierra. Ahora estamos aprendiendo a confiar en nosotros mismos de nuevo."
Compartir de recursos - "Pasando en regalo" (pase en cadena) es un evento que atrae a las personas de millas de su alrededor. También fuimos invitados, para mirar la ceremonia fijada esa tarde en un pueblo pequeño del Bajo Piura. Nuestro carro de Heifer fue llevado al lado de la &uac ute;nica estructura de bloque en el pueblo: "Centro de salud" que decía en el frente; los letreros laterales defendían la planificación familiar, mientras docenas de alumnos rebosaban en la parte posterior. En el centro del pueblo polvoriento, un estandarte decorado con un pabellón hecho de ramas, y una banda de estudiantes con camisas blancas con tambores y trombones estaban afinando.
Cuando salí del carro se cruzó por mi mente que habíamos llegado a alguna celebración local. Luego leí el estandarte-Bienvenidos Familia Heifer- me di cuenta que la celebración era para nosotros. Una alegre multitud de niños con tambores nos escoltaron con el pabellón. Una primera fila de valientes alumnos sostenía corazones en papel rosado cada uno rotulado con nuestros nombres.
Me pregunté como pareceríamos nosotros a éstos niño-nosotros los viajeros americanos en nuestro lentes para el sol, zapato de lona y relativamente vestidos (pero por las normas locales era caro) los pantalones caquis y -camisas T. Nuestro grupo estaba en la edad de 70- solo mi hija Lily de 8 años, cada uno de nosotros había venido a aprender de nuestra propia manera, eso que nuestro apoyo para Heifer Internacion al significa verdaderamente un mundo grande, en partes coloridas. Caminando hacia cientos de lugareños expectantes de caras bronceadas por el sol, tuve un momento vacilante en que me pregunté si yo posiblemente pudiera ser lo que ellos esperaba que yo fuera. Examiné la fila de niños con el corazón del papel que decía "Bárbara," y mi momento tímido pasó. Me agache a besar al colegial de color violeta quien tenía la tarea de saludarme. Ellos no esperaban nada de nosotros aquí, más allá de una aceptación de una gratitud simbólica tan amplia como un desierto cielo blanco. Ellos quisieron mostrarnos cómo Heifer ha cambiado este pueblo.
Nos sentamos en un banco largo en la sombra de un refugio abierto construido fuera de ramitas y palos. Las festividades empezaron: primero, la marinera, un baile local interpretado por una joven muchacha-descalza y ágil con una falda negra larga y blusa amarilla carrujada -y un muchacho, majestuoso de alguno años más con botas y sombrero, agitando un pañuelo blanco. A la música de una grabadora a batería- ellos se movían precisa y sinuosamente, en forma circular y levantando sus barbillas juntos como aparejando sus cuellos para una unión. Era un rega lo impresionante, un momento de belleza de este lugar para darnos algo de ellos a nosotros. Luego vinieron cantando en una escena de moralidad sobre la conducta responsable. La gran cantidad de personas se rieron de los chistes de los estudiantes pero también empezaron a zuzurrar con anticipación. No fuimos los únicos que vinimos de lejos para esta ocasión. La gran cantidad de gente a nuestro alrededor de repente se sentía enorme, cada vez más personas llegaron de otros pueblos para dar testimonio del evento ellos habían escuchado acerca: ¡del compartir de recursos!
Una simple idea, puesta en práctica, se convierte en mágica. En este día, unas 20 familias que habían recibido ovejas o cabras a través del proyecto Heifer iban a compartir la descendencia de estos animales con otras 20 familias. El pueblo había estado de acuerdo con una lista de las personas que tenían mayor necesidad-pero no habían suficientes animales, por lo que los 20 destinatarios nombrados habían sido asignados por sorteo. Los beneficiarios seleccionados se alinearon contra una pared del lado de un corral grande. Fuera de la vista, las ovejas y cabras balaban detrás de un cerco porque sus dueños los prepararon para la ceremonia. Cuando la much edumbre se congregó caminé hacia una viuda diminuta vestida en negro quien pronto recibiría el compartir.
Estos son los primeros animales que usted ha poseído alguna vez"? le pregunté en español, esperando que mi pregunta no la ofenda, si la respuesta fuera no.
Ella me miró fijamente. "Claro," dijo ella. "Yo nunca he poseído algo. Yo soy pobre."
Yo tragué saliva, mientras aceptaba una definición absolutamente indiscutible de "pobre". Estudié su cara, y comprendía que yo había recibido la "mayor" impresión sólo de su ropa y forma de ser. Su piel había soportado mucho más sol que la mía, y sus manos, indudablemente, el trabajo más duro, pero ella podría haber estado casi de mi edad. Me retiré por que cada madre considera su espacio privado y pregunté, "usted tiene niños"?
"Seis hijos," ella contestó. O hijos e hijas, posiblemente-en español el nombre para un grupo mixto es masculino. Yo mirada alrededor por algunos de estos hijos o hijas.
Para esta importante ocasión parecía que ellos deberían estar aqu&iacut e;, pero esta mujer estaba sola.
"¿Ellos están aquí? " Yo pregunté.
" Todos ellos están muertos," contestó ella, nuevamente sin mucha emoción, y una vez más yo ajusté mi noción mental de una pequeña conversación.
"Lo siento," le dije. Ella cabeceó lacónicamente. Sus emociones en este momento eran ciertamente demasiado grandes para hablar con un extraño. Lo que estaba a punto de suceder en esta mujer no era, para, cualquier clase de ceremonia sentimental. Era supervivencia.
Estábamos parados juntos silenciosamente entonces, mientras escuchábamos balar en el otro lado del corral dónde los animales eran pastoreados por sus conductores hacia los nuevos propietarios. Intenté imaginar la sensación de esta mujer quién eran esos pastores que estaban allí, y lo que debería sentir hacia ellos: Por supuesto gratitud, y quizás algún grado de temor.
Estos vecinos eran ahora benefactores, personas que conocieron la nuevas cosas- animales agricultura, el lujo de pro visión de la casa y quizás lo más increíblemente, la prosperidad de regalar algo.
Me pregunté cómo esto cambiaría. la vida de esta mujer. Pronto, quizás como escribí estas palabras, ella tendrá leche, estiércol para su huerto, en el futuro carne para comer o vender. En pocos años ella tendrá algo más. De una palabra simple, pobre, su autorretrato crecerá más complejo como el que viene a incluir las palabras compartir recursos, un ritual cuya importancia no deriva sólo de la recepción, sino también dando. Con salud y suerte, ella vivirá para estar parada en el otro lado de una ceremonia como ésta.
Repentinamente el polvo voló y el corral lleno de ruido de cascos, gritos y risas. Los animales impacientes jalaron a sus cuidadores separándose. Atar con sogas y nudos a los espantados animales para dominarlos. Unos los abrazaban, y varios limpiaban las lágrimas de sus caras. Algunos miembros de nuestro grupo visitante tomaron fotos. Por mi parte, sólo podría mirar e intentar entender la profundidad de transformación humana que puso el simple acto de un intercambio de sogas.
Des pues del día, ví primero un folleto colorido de Heifer prometiendo que mi donación de una bandada de polluelos o una manada de cabras pudiera cambiar la vida de alguien, yo he creído que prometer es una manera abstracta. Cada vez escribí un cheque u ofrecí voluntariamante, He fotografiado niños recolectando huevos o un muchacho que agitando una rama induce a un búfalo hacia el arado. Me imaginaba a madres ordeñando las cabras y haciendo el queso, preparando la blanca y rica proteína para alimentar a sus niños. Puedo relacionar – algunas de mis propias satisfacciones más profundas vienen de rituales de alimentar a mi familia. Pero nosotros nunca hemos conocido la inanición, tanto que no alcanzo a comprender cómo se siente apaciguar la desnutrición de un niño, en lugar de simple hambre cotidiana. Así que yo amplio mi mente para imaginarlo y contribuir poniendo esfuerzo y energía para los proyectos de largo alcance de Heifer Internacional.
Cuando la muchedumbre se congregó caminé hacia una viuda diminuta vestida en negro quien pronto recibiría el compartir.
Estos son los primeros animales que usted ha poseído alguna vez"? yo le pregunté en español, esperando que mi pregunta no la ofenda, si la respuesta fuera no.
Ella me miró fijamente. "Claro," dijo ella. "Yo nunca he poseído algo. Yo soy pobre."
Ahora que he estado en una Gira de Estudio, puede verificar que esas imágenes felices son verdad. En los Altos Andes peruanos nosotros vimos a mujeres que sonríen ampliamente de oreja a oreja cuando recibían los pollos bebé en sus delantales, copas de sus sombreros y los pliegues de sus faldas luminosas. Miramos que sus hijas cazaban los polluelos por el patio del colegio, mientras agitadamente contaban sus huevos de las gallinas apenas fueron sacadas. En un desierto remoto en las tierras bajas, miramos a una madre tenía en la palma de sus manos el queso de cabra, chorreaba miel de su propia colmena encima de él y doblaba dándole a morder a su niño pequeño-después de compartir primero con nosotros, sus invitados. Tuve bastante suerte de ser testigo de la satisfacción y mejoramiento de la salud de las familias de todo el Perú quienes nos explicaron cómo cuidan sus animales, cómo usan sus nuevos recursos y habilidades para mejorar la salud del suelo y los bosques circundantes, cómo habían empezado a contar con un futuro que ellos no pudieron imaginar hace algunos años. ;
Eso que yo nunca realmente entendí antes de este viaje, sin embargo, quiere decir pasar un futuro asegurado para el vecino. La erradicación de la pobreza involucra más allá de la satisfacción de las necesidades físicas. Significa, llegar, de algún modo, al alma de una mujer que ha perdido al marido y niños y que ha descrito la vida entera con la sola palabra "pobre". Su pesar va más allá del hambre, me imagino, en un sentido de irrelevancia humana. Para confiar que nuestras vidas tienen el significado, cada uno de nosotros necesita efectuar algún cambio tangible en el mundo. Es por qué yo dono a Heifer. ¿Por qué pensaría que estoy sola en ese deseo?
En el Bajo Piura, después de que se asentó el polvo de la ceremonia, limpiamos la arenilla y lágrimas de nuestros ojos y regresamos a nuestro fresco hotel. Cené con Luis Gómez Abramonte, un miembro del personal de oficina de Heifer en Piura. Ecólogo agrícola, él investigó en la universidad antes de tomar el trabajo aquí. El dijo que prefiere profundamente trabajar para Heifer, debido a la efectividad práctica del trabajo. La expansión se construye automáticamente en el proyecto a través del contrato de cada destinatario para el pase en cadena. Heifer ha alcanzado ahora solamente en el área de Piura más de 2000 familias. Yo tenía cientos de preguntas, y clasificándolos intenté llegar a la cosa básica y pregunté sobre: ¿Siempre hace bien este trabajo? ¿Cada destinatario se vuelve un benefactor?
Luis me contestó pacientemente: algunas veces los animales se enferman y no se reproduce, aunque esto es raro porque el proyecto proporciona el entrenamiento veterinario. Éste, también, es un regalo de pase en cadena, ya que cada técnico se capacitó en el cuidado animal y estuvo de acuerdo en capacitar a otros.
Persistí, "Pero cuándo hay un aumento –un beneficio, usted podría decir - se comparte"? Se presentaron mis dudas desde el curso de la vida de haber sido reprendida como una ridícula optimista, Supongo –también muchos advierten que la naturaleza humana está finalmente ávida. "Todos siempre pasan el regalo en cadena?.
Luis sonrió. "Para la mayoría de los participantes que pasaron el regalo en cadena, es el mejor día de sus vidas. &iqu est;Por qué no demostrarlo? Porque, efectivamente.
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(1) Articulo presentado en la Revista World Ark de Julio y agosto del 2005, Heifer International. La traducción ha sido realizada por Juana Jiménez, Asistente Administrativo de Heifer Perú en Piura
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