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TRABAJO DE MUJERES. CAMBIAR EL MUNDO 1
Por Lauren Wilcox (Escritora de Heifer)
Fotos de Darcy Kiefel y Lauren Wilcox

Revista World Ark, abril/marzo 2005.

Más de 1.3 billones de personas que viven en pobreza  son de sexo femenino. Mujeres y niñas alrededor del mundo tienen las más altas tasas de enfermedad  y baja educación, comparada a los hombres y niños. Y a pesar de que las mujeres tienen menos oportunidades de empleo son frecuentemente ellas las responsables de mantener a sus familias. Todavía las mujeres tienen mucha menos representación en el gobierno. Ellas son exclui das de la tenencia de propiedades y de las herencias, y enfrentan mucha más discriminación en los empleos y salarios.

Pero estos problemas no son únicamente de las mujeres. Para que una sociedad avance debe darse voz a las mujeres, educarlas y valorarlas. Lo más importante para que una sociedad avance es que mujeres y hombres trabajen juntos.

Un campesino de la China-Tibetana cuyo nombre es Gedie vive en una aldea llamada Hela, ubicada en la parte oeste de la Provincia de Sichuan, a dos días y medio de camino desde la ciudad de Chengdu, capital de Sichuan. El camino a la granja está lleno de huecos y es largo; llegando a lo alto, avanzando por las planicies de la Meseta Tibetana, se cruzan cimas cubiertas de nieve, también serpentean sombras heladas junto a la luz del sol del invierno que ya inicia.

La aldea de Hela se desparrama en la ladera como un mantel de picnic. Los yaks, el principal recurso para los campesinos, aparecen como puntos oscuros en los campos. 

La casa de Gedie, a pocas millas de la aldea y al lado del camino, es una estructura con un patio cerrado y un granero, donde guarda sus 33 yaks durante los duros días de invierno. 

Todas las ventanas de la casa de Gedie dan la cara al sur. En una tarde del pasado noviembre, la luz ingresó al interior de la habitación. Las paredes estaban cubiertas con unas telas claras, pedazos de dibujos animados recortados de un periódico y fotos del radiante Dalai Lama. El año pasado Gedie recibió 2 yaks (de raza fuerte) de Heifer y ha asistido a muchos talleres de capacitación para mejorar la salud y nutrición de su ganado. Este año, hubo 10 crías y su ganado está empezando a prosperar. La hija de Gedie, que tiene 19 años, nos sirve silenciosamente un jarro humeante de te.
Ella nunca fue a la escuela, nos explica Gedie, en lugar de eso se queda en casa ayudando a su madre a cuidar a la familia. Los tres hijos hombres de Gedie están en una escuela del pueblo vecino. Su hijo menor, una niña, mira a los visitantes, mientras el gato rodea su brazo como una estola. Ella tiene 6 años. El plan de Gedie al próximo año es enviarla a la escuela primaria con sus hijos y después de eso, si sus ingresos le permiten, enviarla a la secundaria y también a la escuela preparatoria.

Debi do a que las hijas se casarán e irán a otras familias, sus familias por lo general no invierten en su educación, especialmente en zonas rurales y remotas donde los empleos son casi inexistentes y donde sí hay un duro trabajo por hacer en el hogar. “En China hay un decir…” – cuenta Mu Ping, asistente de programa de Heifer China - “…una hija casada es como un chapuzón de agua – que cae justo a tiempo”.

Pero en países alrededor del mundo, hay gente trabajando para que los niveles de vida y condiciones económicas de la sociedad mejoren, a lo que todos deben contribuir. 

Incluso aquí, en esta habitación soleada de la lejana China hay la sensación de que las cosas deben cambiar.

Mujeres y niñas son por lo general quienes conforman la población pobre mundial – en algunas estadísticas 70% de 1.3 billones de personas que viven en pobreza son mujeres.  Las niñas tienen más altas tasas de mortalidad a nivel mundial, y las mujeres y niñas tienen las más altas tasas de enfermedad, malnutrición y también los niveles m ás bajos de educación.

Las mujeres tienen menos empleo pero son a la vez un “recurso sobre utilizado” como señala las Naciones Unidas, ya que trabajan para dar alimento y cuidado a sus hijos, sus esposos y frecuentemente a sus padres, además de contribuir al ingreso económico del hogar.  En uno de cuatro hogares, a nivel mundial, los jefes de familia son mujeres, y en muchos otros casos los hogares son en exceso dependientes del ingreso de ellas.

A pesar de todo esto, la representación de las mujeres en el gobierno y en la vida cultural y civil es muy reducida. 

Ellas frecuentemente son excluidas de los derechos de propiedad y herencia de tierras. 

Ellas tienen más probabilidades de ser discriminadas en cuanto a oportunidades de empleo y salarios. Y como resultado de todo esto los hogares donde el jefe de familia es mujer se empobrecen más que aquellos donde el hombre desempeña esta función.

Pero este no es un problema que afecte sólo a las mujeres. El asunto de las mujeres en el desarrollo, es ante todo, un asunto de desarrollo. Como se dijo en la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial de Mujeres de las Naciones Unidas: “Si no se da a las mujeres una real participación en la toma de decisiones económicas, sociales, culturales y políticas, una nación se niega a si misma la oportunidad de beneficiarse de la participación productiva de una mitad de su población, y quizás también del aporte de generaciones enteras”.

Los países que tienen menos niñas matriculadas en las escuelas son frecuentemente más pobres (tienen 25 % menos de Producto Nacional Bruto) que los países en los cuales la educación es más equitativa.

Y el rol de las mujeres en el hogar, a la vez que no es remunerado, influencia en el bienestar de toda la familia. El Banco Mundial informa que cuando el nivel de educación de las mujeres aumenta los niños son matriculados en las escuelas, y que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres para usar sus ingresos en la mejora de la nutrición, salud y educación de sus niños.

Sociedad estresada

¿Cuál es la mejor manera de mejorar la situación de las mujeres? La Pla taforma de Acción, desarrollada por las Naciones Unidas en 1995, durante la Cuarta Conferencia Mundial de Mujeres en Beijing, enfatizó que para que la reforma sea sustentable el empoderamiento y la educación de las mujeres debe suceder en asociación con los hombres, en paralelo a esfuerzos por reconstruir un sistema que hasta ahora ha sido injusto.

Un estudio publicado por las Naciones Unidas anota que “la respuesta está en no alentar una participación injusta en los procesos de desarrollo”. Martha Hirpa, Directora del Programa de Género de Heifer dice: “El asunto de la equidad de género  es un tema de relaciones”. Se trata de compartir – de asegurar que la responsabilidad, recursos y empoderamiento en la política, sociedad y economía sea en partes iguales.

El proceso de integrar el género a un grupo mayoritario como concepto es conocido, no es nuevo, pero desde la Conferencia de Beijing se ha refinado y expandido. El trabajo en desarrollo – ayudar a la gente a salir por sí mismas de la pobreza a través de la educación, apoyo y acceso a recursos – ahora también impl ica mejorar la conciencia respecto a roles culturales y sociales de la gente; y también cómo es que se toman las decisiones y se controlan los recursos en las familias y comunidades. 

“Crear conciencia es nuestra prioridad número uno”, dice Taiyong Chen, director nacional de Heifer en China. “Si sólo educamos mujeres esto crea un problema”

“Nosotros tratamos de integrar el género en la implementación de cada proyecto”, nos dice Mu Ping de Heifer China, “…en muchos lugares de China, particularmente entre grupos étnicos, las mujeres son tímidas y hurañas, especialmente con extraños; son renuentes a tener roles activos frente a los hombres”

“La capacitación en equidad de género ha sido importante para mejorar la autoestima de hombres y mujeres”, dice Alfredo García, director nacional de Heifer Perú. “Cuando visitamos estos proyectos al inicio, las mujeres se escondían y solamente los hombres tenían permitido saludar a los visitantes. Hoy en día puedo ver que esto ha cambiado”. Alfredo añade: “Este trabajo es difícil. (El cambio) no ocurre s&oacu te;lo porque tú quieras que suceda. Requiere una esmerada planificación y tiempo”. 

Igualando responsabilidad

La delicada tarea de trabajar género es igualar las responsabilidades al interior de las familias y comunidades sin crear inestabilidad. Los que trabajan en desarrollo ayudan a promover estos temas y crear grupos de discusión en los que se puede discutir esto. 

“Nosotros respetamos la tradición” dice Chen. “Nosotros ayudamos a la gente a comprender cuán importante es el rol de la mujer, y todo el trabajo que ellas hacen. Nosotros alentamos a hombres y mujeres para que compartan la toma de decisiones y los recursos. Y luego de algunos años, ellos dicen guau! ¡Las mujeres ya no son hurañas!”

Así como la superación de la timidez los resultados de estos espacios de discusión pueden ser menos visibles al inicio, pero se dan. En una capacitación de género en Nepal los hombres decidieron preparar y servir té a las mujeres durante el refrigerio. Este gesto fue trascendental para las mujeres. 

“Nuestros esposos nunc a antes prestaron sus manos para ningún trabajo doméstico”, dice una de las participantes, Durga Parajuli, mientras cogía su primera taza de té preparada por hombres. “Ahora, la certeza de que somos ayudadas en las labores nos posibilita a las mujeres concentrarnos completamente durante la capacitación”. 

Y el mayor significado de este acto no se quedó en Parajuli. “Todos piensan en cambiar el mundo”, observa ella. “Pero pocas veces alguien piensa en cambiarse a sí mismo.

Pensando en cambios

Frecuentemente, cuando los roles cambian, los hombres encuentran que ellos han sido constreñidos por la tradición tanto como las mujeres. Sim Roeun, una mujer camboyana de una comunidad cercana a Phnom Penh, empezó a ir en el 2000 a las reuniones de la Organización de Madres Camboyanas para el Desarrollo en contra de los deseos de su esposo.

Su esposo, incapaz de encontrar trabajo, tomaba en exceso y “les castigaba”, nos cuenta ella; y así ellos ya no podrían sostenerse así mismos ni a sus 8 niños en sus 40 metros cuadrados de parcela. Ella y otras 40 mujeres empezaron a ahor rar, y ella empezó a asistir a capacitación en agricultura sostenible. Poco después ella recibió una vaca de Heifer.

Al inicio, su familia se opuso a su rol de liderazgo. “Causó grandes problemas”, con su esposo y sus hijos, nos cuenta. Pero continuó asistiendo a la capacitación y empezó a enseñar a otros en su comunidad lo que ella había aprendido. Como su parcela iba dando buenos resultados Sim se convirtió en una experta muy respetada entre la gente de su comunidad. Tanto hablaban de ella a su marido que él empezó a poner atención a lo que estaba haciendo.

Al poco tiempo ella llevó a su esposo a un hospital cercano donde le diagnosticaron depresión y empezó su tratamiento y asesoramiento psicológico. Actualmente, el trabaja la tierra con ella, y aunque sus 3 hijos mayores ya están viejos para ir a la escuela, los 5 menores sí están matriculados.
En un escenario favorable hombres y mueres descubren a través de capacitación, discusión y duro trabajo el mejor camino para compartir sus cargas/responsabilidades.

En la comunidad de Cucungará (Piura – Per&uac ute;) en la árida región del bosque seco cercana a la frontera con Ecuador, no ha llovido en tres años. Los pobladores de allí viajan muchas horas diarias en carreta de burro a fin de recoger agua para cocinar y lavar. Es una comunidad que no puede permitirse el lujo de no trabajar hombro a hombro.

Yolmer Delgado, representante del proyecto de manejo sustentable del bosque seco, dice que “la capacitación que da Heifer nos integra como grupo para desarrollar ideas comunes respetando las ideas de todos. Cada persona es importante en el proceso de desarrollo de nuestra comunidad, porque cada uno tiene una tarea que cumplir a cabalidad”.

Su esposa, Madeline, concuerda con esto. “Antes de Heifer, no habían mujeres líderes. Heifer fortaleció a nuestra comunidad. Yo me siento muy agradecida porque ahora yo puedo ayudar a otras familias. Soy importante porque puedo ayudar a otros y ganar dinero para mi familia.”
Otro miembro de la comunidad de Cucungará, Ernesto Salvador, asiste a capacitaciones con su esposa, Martina. El dice, “Yo tengo grandes esperanzas para mis hijos. Deseo lo mejor para ellos y quiero entrenarlos en el manejo de los animales. Pero también quiero que ellos c ontinúen estudiando.”

Vidas transformadas

Durante estos años, los proyectos pueden no sólo transformar la vida de las mujeres involucradas, sino también la de sus esposos y familias. Hace unas décadas atrás, la comunidad de Wu Jia Zhai, a las afueras de la ciudad de Chengdu, era conocida como 
“Pueblo de mendigos”. Sus habitantes eran pobres y no tenían fuentes estables de ingresos. En los últimos 15 años muchas cosas han cambiado.

Los comuneros empezaron a trabajar juntos, cuidando árboles de mora para producción de gusanos de seda, aumentando y mejorando la calidad de su ganado caprino gracias a ejemplares dados por Heifer y haciendo agricultura sostenible.

En 1996 empezó un proyecto con mujeres para producción de gusanos de seda. En la actualidad las mujeres y sus familias han doblado y triplicado sus medios de vida. Ellos han recibido también beneficios menos tangibles.

“Hombres y mujeres trabajan ahora mucho mejor, juntos”, dice una mujer llamada Zeng Dashu en una reunión reciente con visit antes. Cuatro mujeres involucradas en el proyecto se sientan en fila al frente de sus invitados, mientras sus esposos y vecinos se apiñan detrás de ellas. Cuentan que ellos pueden ahora comprar más cerdos y una familia ha cambiado su bicicleta por una moto. 

“Nosotras podemos ahorrar dinero y enviar a nuestros niños a la escuela”, dice Dashu. “Y ahora sentimos más confianza para hablar con extraños”

Cuando preguntamos quién controlaba el dinero producto de los gusanos de seda, si ella o su esposo, una risa nerviosa corrió por la habitación. Su esposo se pone de pie atrás y con una amplia sonrisa dice “lo hacemos ambos”. Dashu dice “nos ayudamos uno al otro”. Hoy día esta comunidad es la más prospera de la provincia y tienen un nuevo nombre dado por el gobierno: “Pueblo de ricos”.

Un sentido del riego

Todas estas son, de alguna manera, historias de gente que hizo un cambio primero en ellos para luego cambiar el mundo. Más que otros movimientos para el desarrollo, la equidad de género nos lleva a un sentido de riesgo personal porque desafía a las personas a dejar atrás algunas actitudes muy arraigadas. “Una respuesta adversa a lo que es trabajo de género es producto más del miedo o malos entendidos que de las ganas de la gente de vivir en desigualdad”, dice Martha Hirpa.

Cada progreso es producto de una decisión individual. A veces ocurre a grandes pasos, cuando toda la sociedad trabaja junta, y a veces sucede porque una persona hace que esto ocurra.

Mu Ping cuenta la historia de una mujer llamada Ma Shuhua, quien en 1952 vivía en la Comunidad Dazu en el condado Qingshen, provincia Sichuan. Ese año ella envió a su hija mayor, Xu Junru, a la escuela primaria; aun en aquel entonces era costumbre que las niñas asistieran sólo a los grados más bajos. Cuando Xu Junru terminó la primaria su madre la envió a la escuela intermedia.

Aquellos fueron tiempos muy difíciles en la historia China; en el camino a la escuela Xu Junru veía gente muriendo de hambre al lado del camino. Pero ella completó la escuela intermedia. Cuando fue el momento en que ella entre a la escuela secundaria Xu rehusó ir, empeñándose en quedarse en casa para ayudar a su madre, cuyo esposo estaba incapacitado para t rabajar y mantener a la familia, solo vivían de lo que producía su pequeña granja. Pero Ma Shuhua insistió.

En 1963, Xu Junru se graduó de la escuela secundaria y se matriculó en la universidad para estudiar ingeniería química. Después de graduarse se casó. A la edad de 27 años Xu dio a luz a una niña, la cual fue a la escuela primaria, intermedia y secundaria y quien luego obtuvo dos grados de bachiller: en inglés y leyes.

Esta niña, por supuesto, fue Mu Ping, quien recientemente celebró el cumpleaños 77 de su abuela, en la comunidad Dazu donde Ma Shuhua continua cultivando su chacra. Ella cuenta la historia de su abuela entendiendo que ésta dio significado a su propia vida. 

Últimamente los objetivos de los programas de género no son diferentes de los objetivos del trabajo de desarrollo en general – ayudar a la sociedad a hacer el mejor uso de sus recursos. 

En el proceso se da al potencial humano una oportunidad para satisfacerse a si mismo, con amplias posibilidades culturales así como personales. Como una mujer de uno de los proyectos de Nepal dijo durante una ceremonia de Compartir de Recursos “Nosotras nos hemos unido como mujeres para crearnos a nosotras mismas.”

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Última actualización: 16/07/2008