LA BRECHA GLOBAL DE LA ALIMENTACIÓN
Superando la escasez (*)
por Lester R. Brown
Uno de los logros más impresionantes del siglo XX fue el casi haber triplicado las cosechas de grano (entre 1956 y 1996); un logro que no sólo alimentó gente en todo el mundo sino que permitió que la población aumente.
Ahora, tendencias ambientales amenazan este logro, haciendo muy difícil a los campesinos alimentar a la creciente población de la Tierra. Una espantosa brecha entre consumo y producción se ha desarrollado.
La caída de las reservas de granos y la subida de los precios puede señalar una nueva etap
a en la economía mundial de alimentos, no dominada por excesos sino por escasez. Si las reservas caen más, como es probable que suceda, llegando a niveles nunca antes vistos en la historia moderna, el mundo se volverá un territorio incierto.
China, la nación más populosa, ha podido hasta ahora alimentar a su gente con su reserva de granos. Ahora, estas reservas están próximas a agotarse y el país está empezando a mirar más allá de sus fronteras. China puede dentro de poco tiempo necesitar importar más de 50 millones de toneladas de grano en un año. Tal demanda podría sobrecargar los mercados de grano mundial – creando más problemas a los Estados Unidos, país que controla casi la mitad de exportaciones de grano a nivel mundial, así como también al resto del mundo.
Esta potencial etapa de escasez alimentaria nos obliga a responder a 2 preguntas: ¿Cómo ocurrió esto? y ¿Qué podemos hacer ahora?
Producción faltante
Los campesinos han tenido que hacer frente a los efectos acumulativos de la erosión de los suelos, la pérdida de tierras de cultivo (usada ahora
para actividades no agropecuarias) y la desertificación. Pero ahora ellos también deben enfrentar dos peligrosas tendencias: la caída de los niveles de agua y el aumento de temperatura. Estas condiciones confluyen y tienen un costo para la producción de alimentos.
La producción mundial de granos no se ha incrementado durante 7 años después de 1996. En lugar de eso el consumó aumentó, generándose progresivamente déficit más grandes. Los déficit de cosecha de 89 millones de toneladas en 2002 y 94 millones de toneladas en 2003 son los más altos. Cuatro déficit consecutivos han hecho caer las reservas de grano al nivel más bajo en 30 años.
A inicios de 2004 los precios de trigo y maíz subieron al tope (durante los 7 años de baja producción).
Estimaciones tempranas consideran la cosecha de 2004, teniendo en cuenta el clima ideal y el fortalecimiento del precio, en 1, 962 millones de toneladas. Si nos aferramos a este estimado el mundo no tendría que proyectar su reserva de granos por primera vez en 5 años. Pero ni esta cosecha excepcional podrá reponer las reservas. Suponiendo que haya déficit en el 2005, existirá siempre un riesgo si se mantiene ese nivel bajo
Históricamente, cuando las fuentes de alimentos son amenazadas y suben los precios los campesinos se ven incitados a usar más fertilizantes, hacer más pozos de irrigación y mantener “mejor” sus tierras. Pero hoy día muchas de esas acciones no son adecuadas. Actualmente, aplicándose más fertilizantes a cosechas en los Estados Unidos, Europa, Japón y China los efectos en producción son mínimos. Igualmente, cavando más pozos de irrigación se podría simplemente acelerar el agotamiento de la fuente de agua sin obtener resultados para la mejora de las cosechas.
Por otra parte, una de las más vastas fronteras agrícolas establecidas ha desaparecido. El hecho de despejar tierras para elevar la producción está ahora limitado a pocos países como Brasil e incluso conlleva un alto precio – la irreversible pérdida de biodiversidad. En respuesta a la posibilidad de que los precios sean más altos, sin duda los campesinos no dudarán en buscar incrementar su producción; sin embargo, es posible que en esta oportunidad a pesar de sus esfuerzos no logren el éxito.
La Amenaza de Aumento de Precios
Los bajos niveles de reserva de granos pueden fácilmente forzar los precios. Cuando las reservas estuvieron bajas durante 1972-1974 los precios de trigo y arroz se elevaron a más del doble. El precio mundial de trigo subió de $1.90 (1972) a $4.89 (1974). Por consiguiente se elevó el precio del pan, y por ende también lo hicieron los precios de carne, leche, huevos y otros productos ligados a la actividad agropecuaria y que dependen de la producción de granos.
Países exportadores como Estados Unidos restringen las exportaciones para mantener los precios de alimentos locales bajo control y también los pedidos de ayuda alimentaria son denegados. Mientras, en países pobres como Etiopía y Bangladesh, cientos de miles de personas mueren por desnutrición.
En 1972, una escasa cosecha de grano en la Unión Soviética precipitó este declive en las reservas de grano. Los soviéticos, anticipándose a sus necesidades de importar grandes cantidades de trigo, manejaron el precio mundial de este producto para acapararlo antes de que los otros países supieran la dimensión del déficit de sus cosechas. Uniendo esto a una pobre cosecha mundial en los siguientes 2 años dio como resultado escasez de provisiones de grano y precios elevados para 3 años más.
La gran pregunta ahora es ¿pueden los campesinos en el mundo aumentar las reservas de grano mientras la brecha entre consumo y producción crece y teniendo en cuenta el aumento de la población mundial? A menos que se revierta esta situación el mundo enfrentará otro año viviendo al borde de un abismo.
Creciente Demanda de Alimento
Mientras la producción está disminuyendo la demanda va en aumento. La población mundial ha ido creciendo pero a un nivel retardado: de 2 % en 1970 a 1.2% en 2004. Aun así, 76 millones de personas nacen cada año, aumentando la presión sobre los recursos del planeta (tierra y agua).
Las proyecciones de las Naciones Unidas para el 2050 consideran que habrá 3 billones más de personas sobre la población actual que es 6.4 billones. La gran mayoría de esta población crecerá en países donde los niveles y reservas de agua ya se han reducido y/o donde las fuentes de agua están agotadas.
En el próximo medio siglo el crecimiento demográfico promoverá la demanda de alimentos. Pero dado el crecimiento económico sin precedente en países como China e India, cada uno con más de 1 billón de personas, no podemos ignorar los efectos de la creciente demanda.
Muchos billones de personas quieren variar la cadena alimenticia diversificando su dieta. El crecimiento en la demanda de productos agropecuarios se traduce no sólo en demanda adicional de granos sino también de soyas, porque la carne de soya se ha convertido en un suplemento proteico invaluable.
Mientras el uso de carne de soya reduce la cantidad de grano usado en productos alimenticios animales, ha fomentado una demanda mundial de fréjol soya de 17 millones de toneladas en 1950 a 190 millones de toneladas en 2003, (¡11 veces más!)
Una futura expansión de área de fréjol soya ocurriría primero en Brasil, país que tiene la más amplia frontera agrícola. El fréjol soya está consumiendo las tierras de cultivo del hemisferio occidental.
Caída en los niveles de agua
El 70 % de agua mundial se usa para irrigación, 20 % para la industria y 10% para consumo en hogares. Mientras muchos observadores reconocen que el mundo está enfrentando escasez de agua, pocos han visualizado que a futuro el problema de escasez de agua significará escasez de alimentos.
Así como el consumo de alimentos a nivel mundial se ha triplicado, también lo ha hecho el consumo de agua con fines de riego. Como resultado de esto el mundo incurre en un gran déficit de agua, pero como se está haciendo un sobrebombeo en los acuíferos este problema se está ocultando (momentáneamente). La disponibilidad de estas bombas y la cantidad de pozos de agua que se está perforando, principalmente para irrigación, es superior a lo que la lluvia natural puede reabastecer.
Como resultado de esto los niveles de agua están decreciendo en
países que tienen más de la mitad de la población mundial, incluyendo China, India y los Estados Unidos, quienes acumulan cerca de la mitad de las cosechas mundiales.
Los niveles de agua subterránea están cayendo en la parte norte de China (llanuras) en un nivel de 3 a 10 pies por año. En la India los niveles de agua están cayendo en varias regione
s del país incluyendo Punjab, que es el granero del país. En Estados Unidos los niveles de agua de las llanuras del Sur han bajado reduciendo las áreas irrigadas en 24% durante los últimos 20 años.
Con acuíferos que no son recuperables, como es el caso del gran acuífero Ogallala, ubicado bajo las grandes llanuras en Estados Unidos, o los dos grandes acuíferos que están bajo el llano del norte de China, tenemos que el agotamiento de estos significa el fin de la agricultura bajo riego. Las bombas de extracción crean un falso sentido de seguridad porque si bien permiten hoy en día satisfacer las necesidades crecientes de alimento, prácticamente aseguran una caída de la producción de alimentos para el futuro, cuando el acuífero se agote.
Muchos países que están confiados en sus niveles de agua para irrigación también están perdiendo agua. Los reservorios de agua construidos hace varias décadas detrás de las grandes represas están llenándose lentamente de grietas. Esta situación afecta actualmente a miles de reservorios alrededor del mundo.
Aumento de temperaturas
Debido a que
los cambios climáticos se han intensificado los científicos han empezado a enfocar la relación precisa que hay entre temperatura y rendimiento de cultivos. Los expertos en ecología del Instituto Internacional de Desarrollo del Arroz (Filipinas) y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos han desarrollado una regla general que dice que con cada grado Celsius de aumento en la temperatura (por encima de lo óptimo) durante la época de crecimiento, los cultivos de trigo, arroz y maíz disminuyen en 10%.
Los cultivos son más vulnerables a las altas temperaturas durante el periodo de fertilización. Un proyecto de investigación en Filipinas muestra específicamente el efecto del aumento de temperaturas en el arroz, determinando que a 93 grados Fahrenheit cada una de las pequeñas flores de las espigas de la planta se convierten en semilla, produciendo un cultivo rebosante. Sin embargo, como la temperatura subió hasta 104 grados Fahrenheit la fertilización disminuyó y casi no se formó semillas, resultando la cosecha un fracaso. Trigo y maíz son igual de vulnerables.
Durante las últimas tres décadas el promedio de temperatura en la Tierra ha subido 0.6 grados Celsius. Los 4 años m&aac
ute;s calurosos registrados se han sucedido a lo largo de los últimos 6 años. En 2002 las altas temperaturas redujeron la cosecha de granos en India y Estados Unidos. En Agosto de 2003 se rompió el record con la ola de calor en Europa que cobró 35 000 vidas en 8 países y secó las cosechas de grano en cada país desde Francia hasta Ucrania.
El Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos proyecta que durante este siglo, si todo sigue igual, la temperatura promedio del planeta crecerá entre 1.4 a 5 grados Celsius (de 2 a 10 grados Fahrenheit). Si el crecimiento acelerado en las últimas décadas es una guía, el actual incremento puede estar llegando al rango más alto.
Esa proyección aumenta el promedio de temperatura del planeta pero no nos muestra una distribución pareja. Se espera que la temperatura aumente mucho más sobre la tierra que sobre los océanos, más en los polos que en las regiones ecuatoriales y más al interior de los continentes que en las costas.
Esto sugiere que el incremento mayor de temperaturas será en la zona que es el granero de Norteamérica, la región definida como la Gran Llanura de los Estados Unid
os y Canadá. Los campesinos de hoy se enfrentan a la posibilidad de soportar las temperaturas más altas que ninguna otra generación ha tenido desde que se inició la agricultura.
Como la tierra está calentándose la agricultura puede expandirse hacia el norte, Canadá o Rusia. Pero estas no son necesariamente regiones con suelos fértiles. Hay un mundo de diferencia entre las tierras frías del norte y las fértiles llanuras del sur, y extender la actividad agrícola a zonas inhabitadas del norte requeriría una enorme inversión en infraestructura.
La caída de China
Quizás el caso más dramático en la economía de alimentos mundial ha sido la caída de la producción de granos en China iniciada en 1998. Después de una impresionante escalada de 90 millones de toneladas en 1952 hasta llegar a 392 millones de toneladas en el 98 la cosecha de granos China cayó llegando a 322 millones de toneladas en el 2003. Para tener una perspectiva de esto, esta caída de 70 millones de toneladas excede fácilmente a la cosecha entera de granos que tiene Canadá.
Después de esta caída se
redujo también la cantidad de tierras destinadas a la producción de granos. La reducción fue de 90 millones de hectáreas (222 millones de acres) en 1998 a 76 millones de hectáreas (188 millones de acres) en 2003.
Cinco tendencias han contribuido a esta reducción. Estas son: 1. la pérdida de agua para irrigación, 2. la desertificación, 3. el cambio de uso de tierras agrícolas (para otros fines), 4. el cambio de tierras destinadas a grano para ser usadas en otros cultivos como frutas y vegetales más valorados en el mercado actual, y 5. en algunas de las regiones más prósperas, la pérdida de mano de obra rural que se necesita para las cosechas múltiples.
La escasez de agua para irrigación ha reducido las reservas de granos en países pequeños tales como Arabia Saudita, pero China es el primer gran productor de alimentos donde esta escasez ha contribuido a la caída de la producción.
China desesperadamente quiere revertir esta situación. En febrero de 2004 Beijing anunció una modificación especial de su presupuesto destinado a agricultura aumentándolo en 20% (3 billones de dólares) a fin de estimular a los
campesinos a producir más granos. Desafortunadamente para China ninguna de las 5 tendencias que están disminuyendo las tierras agrícolas destinadas al cultivo de granos son fáciles de revertir.
El Desafío en la Política Exterior
La gran prueba de la capacidad de la comunidad internacional para manejar la escasez vendrá cuando China acuda al mercado mundial demandando de 40 a 50 millones de toneladas de grano por año – una demanda que podría fácilmente abrumar el sistema. Cuando esto ocurra China tendrá que recurrir a los Estados Unidos, país que actualmente controla la exportación de granos de la mitad del mundo.
Esto provocará una situación geopolítica muy interesante: 1.3 billones de consumidores chinos, quienes tienen un intercambio comercial con Estados Unidos de $120 billones – lo suficiente como para comprar dos veces la cosecha de grano estadounidense – estarán compitiendo con los americanos por el grano de EEUU, elevándose así los precios de los alimentos. En una situación semejante hace 30 años simplemente se hubiera restringido las exportaciones, pero hoy día algunos países corren riesgo
con una China políticamente estable. La economía China no sólo es el motor económico de Asia: es la única economía grande en el mundo que se ha mantenido a toda máquina en los últimos años.
En pocos años, Estados Unidos podría estar cargando 2 o 3 barcos de grano por día para China. Esta línea de barcos cruzando el Pacífico pueden unir estas dos economías como nunca antes. Manejar estos flujos de granos para satisfacer las necesidades de ambos países puede llegar a ser una de los más grandes retos para la política exterior en este nuevo siglo.
El riesgo es que la entrada de China en el mercado mundial hará subir los precios de tal manera que muchos países en desarrollo no podrán importar suficiente grano para suplir sus necesidades. Lo que empezó con tendencias medioambientales que están dañando la producción de alimentos podría terminar con una inestabilidad política a una escala que afectaría el desarrollo de la economía global.
¿Qué podemos hacer?
La caída de las reservas de grano unida al alza de los precios puede s
ignificar el fin del excedente mundial de alimentos y el inicio de una economía de escasez.
Estos cambios señalan la necesidad de ampliar esfuerzos para asegurar nuestro suministro de alimentos, que involucren a ministerios de energía, de salud y de recursos naturales y que puedan trabajar conjuntamente con los ministerios de agricultura para lograr un balance aceptable entre alimentos y población.
Estabilización demográfica significa en la práctica que todas las mujeres puedan tener acceso a servicios de planificación familiar y educación. Esto también significa un esfuerzo mundial para erradicar la pobreza que conduce a altas tasas de mortalidad infantil. Tal esfuerzo empieza por lo menos con una educación básica para las niñas. Teniendo en cuentas estas iniciativas, en conjunto, se podrá acelerar el cambio hacia familias más reducidas y así estabilizar la población mundial.
La seguridad alimentaria depende actualmente del aumento de agua destinada a todos los sectores (agricultura, industria pero también a nivel doméstico). Tenemos tecnología que facilitan esto pero por lo general no las políticas ni los incentivos ec
onómicos suficientes para lograrlo.
Un mundo que enfrenta a la escasez no tardará mucho en sufrir fuertes pérdidas de tierras agrícolas debido a la erosión. Reducir la erosión del suelo significa un esfuerzo mundial por disminuir el sobrecultivo y el sobrepastoreo y adoptar prácticas específicas de conservación de suelos que impliquen menos tierras bajo cultivo intenso y el empleo de terrazas.
Tampoco puede nuestra civilización moderna continuar usando tierra de cultivo para otros fines (no agrícolas) como si se tratara de un recurso inagotable (en ciertos países es común que se construya carreteras sobre tierra agrícolas).
La creciente competencia que hay por uso de tierras entre cultivos y automóviles llama a una evaluación de las estrategias de transporte que existen. Entre otras cosas, la escasez de tierras agrícolas puede forzar a los países en desarrollo a detener la construcción de carreteras exclusivas para autos y en lugar de eso usar alta tecnología en redes de tren ligero o incrementar las vías para bicicletas.
Finalmente, la estabilidad del clima puede ser esencial para aseg
urar en el futuro el abastecimiento de alimentos. Si se hace visible que el aumento de temperatura está disminuyendo las cosechas y elevando los precios tendremos, repentinamente, un poderoso grupo de presión luchando por reducir las emisiones de carbono.
Esto requerirá una reestructuración de la economía de energía mundial cambiando los combustibles orgánicos (derivados de fósiles como el petróleo) por tipos de energía renovables. Esta es quizás una medida de la complejidad actual que hace que las decisiones de los ministerios de energía puedan tener un mayor efecto en la seguridad alimentaria que lo que tienen los ministerios de agricultura.
Estos cuatro pasos – estabilizar a la población, aumentar la productividad del agua, proteger las tierras agrícolas y estabilizar el clima – constituyen los desafíos de la agenda. Es el tiempo para redefinir el concepto de seguridad. La amenaza ahora no es tanto militar como ambiental, ni tampoco la invasión de ejércitos como sí la desertificación, carencia de agua y el aumento de temperaturas.
_____________________________________________________________________________
__________________
(1) Artículo extraído de la Revista World Ark, publicada por Heifer Internacional para los meses enero/febrero 2005.
|